Ellas
- ¿Por qué crees que
este hombre podrá poner fin al problema?
- Porque fue él
quien las instruyó.
- ¿Cómo?
- Te voy a contar
una historia que muy poca gente conoce. Te ruego que me prestes toda tu
atención, puesto que en lo que voy a decirte podría hallarse la única solución.
Ésta es una historia cuyo origen se remonta a los años de la invasión de los
salvajes sobre Akay. Por aquel entonces, este hombre era uno de los sometidos a
la Exención
que servían en lo que quedaba del sexto ejército del Cuervo estacionado en la
zona. Por su condición especial, no luchó en el frente principal durante la Batalla de la Calavera , sino que estuvo
ocupado acechando el paso de los enemigos en las inmediaciones. Tras un mes
entero de lucha sin descanso, todos los miembros de su grupo fueron cayendo uno
a uno hasta que sólo quedó él; sin poder hacer otra cosa, abandonó su posición
y se dirigió al valle. Allí no encontró más que miles y miles de cadáveres de
sus compañeros: la batalla había terminado, y su bando había perdido.
Nadie puede
imaginarse cómo lo hizo, pero el caso es que consiguió burlar a sus
perseguidores hasta llegar a un lugar seguro al sur de las montañas del Nirian.
Allí curó sus heridas, y cuando éstas sanaron y cicatrizaron, se dispuso a
retomar su huida hacia el sur… pero algo que presenció por el camino lo cambió
para siempre.
- ¿Qué fue lo que
vio?
- Oyó unos gritos
que venían de la espesura. Empujado por una fuerza que no había experimentado
nunca hasta ese momento, se infiltró entre los árboles hasta llegar a un lugar
protegido por rocas… y fue allí donde vio a cinco salvajes mientras violaban a dos
niñas.
- ¿Y qué hizo?
- Se lanzó sobre los
agresores, y los mató a todos. Si me preguntas por qué lo hizo, yo no sabría
responderte, pero estoy seguro de que él tampoco. Él era un agente del Cuervo,
un sometido a la Exención
del Siegmoné, por lo que su vida estaba llena de violencia, crueldad e
injusticia. Él mismo había torturado a numerosos opositores del Cuervo, y los
había asesinado de las peores formas. Y aún así, y por primera vez en su vida,
salvando a aquellas dos niñas indefensas optó por combatir el mal en vez de
infligirlo.
Sin embargo, cuando
centró su atención en ellas se dio cuenta de que estaban a punto de morir. Las
cargó y las llevó a un lugar apropiado para darles el tratamiento que
necesitaban, y durante las siguientes semanas se dedicó exclusivamente a
proporcionarles toda la cura, protección y cuidado que pudo, recurriendo y
apoyándose continuamente en el Favor de la Exención … hasta que les salvó la vida. Luego, una
vez recuperadas, las tomó como sus discípulas criándolas e instruyéndolas en
las artes de la guerra y en los secretos de los senderos del Siegmoné.
- ¿Quiénes eran
ellas?
- Eran dos chicas
que huían del asedio al que los salvajes tenían sometida Stard. Habían perdido
a sus familias mientras intentaban evitar a los atacantes; luego, cuando
vagaban sin rumbo por el bosque, un grupo de salvajes dio con ellas y las
raptó. Permíteme que continúe con la historia: al principio, se formó una
relación muy íntima entre las dos niñas y el “sometido”: como es lógico, ambas
tenían a su salvador y maestro en una estima infinita, hasta el punto de
considerarlo casi como un dios. En el contexto de este vínculo tan estrecho, él
las instruyó en la lucha por la supervivencia: juntos cazaban animales,
luchaban contra los salvajes e incluso llegaron a ganarse la vida alquilando
sus espadas. Fueron los años más convulsos de la historia de Gottenmorth en el
rincón del continente que se llevó la peor parte durante la guerra. En este
escenario tan desolador, dos niñas insignificantes evitaron ser engullidas por
el torbellino de muerte y destrucción que azotaba la región gracias a que
contaban con la protección de una de las únicas personas que estaban preparadas
para hacer frente a algo así.
- ¿Qué sucedió
luego?
- Con el paso de los
años, las dos chicas se fueron volviendo cada vez más y más poderosas, y como
consecuencia de esto el “sometido” fue perdiendo gradualmente su influencia
sobre ellas. Ellas notaron que ya no necesitaban más instrucción, así que
empezaron a tomar la iniciativa con acciones y métodos que él no podía aprobar.
En lo sucesivo, intentó por todos los medios corregir su conducta, pero no lo
consiguió. Ellas seguían considerándolo su héroe, y no dejaron de quererlo como
quiere una hija a un padre, pero ya no hacían caso a sus indicaciones.
- Y finalmente se
rompió la relación…
- Exacto. Las dos
jóvenes habían aceptado un encargo a sus espaldas, como solían hacer desde
hacía algún tiempo. Sin embargo, esta vez algo salió terriblemente mal, lo que
causó la muerte de numerosas personas inocentes. Después de esto, a él se le
hizo evidente que ya no podía controlar a sus antiguas discípulas, así que
cierto día se levantó silenciosamente en medio de la noche y se marchó sin
despedirse. Desde entonces, ya no se han vuelto a ver.
- Una historia
triste…
- Si. No hay duda de
que, después de ser abandonadas por su maestro, la naturaleza de esas dos
jóvenes fue degenerando cada vez más y más… hasta que se convirtieron en las
dos criminales que buscamos ahora.
- ¿Y qué propones,
entonces?
- Estoy seguro de
que ese “sometido” es la clave para solucionar este caso… Si conseguimos llegar
a él, él nos llevará a ellas, así que debemos empezar la búsqueda por aquí.
- Bien. ¿Dónde está
él?
- La cosa se
complica en este punto. Durante estas dos últimas semanas he estado rastreando
sus movimientos más recientes, y lo único que he descubierto es algo poco
esperanzador…
- Deprisa. Dime qué
es.
- Se llama Uric du
Sidma’il, y hace un año fue capturado en el feudo de Raumar… y juzgado junto al
resto de “sometidos” encarcelados allí.
- ¡Maldita sea! ¿Y
como se supone que puede ayudarnos un hombre ajusticiado?
- Opino que merece
la pena tomar esta vía de investigación, independientemente de su estado actual
o de su destino. Si ya no está vivo, todavía podemos sacar algún beneficio de
lo que fue dejando en sus últimos días. Mi profesión me ha enseñado que un
hombre, aunque haya muerto, puede seguir siendo útil si sabes como
aprovecharlo. Como primer paso, tenemos que enviar una delegación a Raumar para
conocer la suerte de Uric y hacernos con las posesiones que le confiscaron el
día que lo capturaron.
- Tu propuesta es
una mera ilusión destinada al fracaso. No perderé tiempo ni dinero con esto. Lo
que conviene es buscar una solución rápida y contundente, que nos centremos en
ellas en vez de perseguir fantasmas.
- Cualquier intento
de cogerlas sí que está destinado al fracaso. No las encontraremos nunca…
perseguir a esos dos fantasmas sólo puede llevar a que se sigan sucediendo sus
crímenes. Escúchame: has recurrido a mí para poner fin a este problema, y yo,
en consecuencia, me he sumergido en este caso como no lo había hecho nunca en
ningún otro. Ahora que estoy a las puertas de resolverlo… ¿me impides que
prosiga mi investigación en este punto crucial, siendo que no tienes ninguna
otra alternativa?
El juez reflexionó
largo rato. Luego concluyó:
- Bien. Te concedo
una sola oportunidad. Lleva a cabo la investigación a tu manera, pero quiero
resultados concretos antes de un mes. Si no veo ningún avance real en este periodo,
interrumpiré inmediatamente la financiación de la investigación. Adiós.
El cazador de brujas
abandonó el edificio por la puerta trasera. Hasta que llegó a su montura no
dejó de pensar en su conversación con el juez. Había ganado algo de tiempo,
pero debía apresurarse si quería cumplir con el plazo que se le había impuesto;
necesitaba, como dijo el juez, algo concreto. De lo contrario, perdería la
mayor recompensa que le habían ofrecido jamás.
Cuando llegó a la
posada, vio que había más caballos de lo habitual en la caballeriza. Era una
buena señal: significaba que sus compañeros ya habían llegado. Al entrar en el
comedor, los encontró en un rincón, sentados alrededor de una mesa. Se dirigió
hacia ellos lentamente, sin aspavientos: el asunto era demasiado serio como
para perder el tiempo en formalidades. Ya sólo quedaba darles las indicaciones
adecuadas. Una vez pasado este trámite, la cacería habría comenzado.