Ellos
De camino a un lugar
desconocido, Urh lan Orkan tenía todos sus sentidos anulados. Le habían vendado
los ojos, para que no pudiera ver. Le habían introducido tapones en los oídos,
para que no pudiera oír. Y lo mismo habían hecho con la nariz, para que no
pudiera oler. Además, no era él quien andaba, sino que varias personas lo
arrastraban sobre una plataforma. Con el saco sobre su cabeza y la capa que
cubría todo su cuerpo, no notaba ni siquiera el aire del exterior. Estaba
completamente aislado del mundo, dejándose llevar por unos seres que no
conocía. Pero confiaba en ellos. Y los comprendía. Todas las precauciones eran
pocas.
Al final del
trayecto, lo sentaron en una silla y lo ataron a ella por las muñecas y los tobillos.
Antes de que le sacaran la tela que cubría su cabeza y notara el aire fresco en
sus mejillas, ya sabía que estaba en un espacio interior. Había empezado a
sudar hacía poco, lo que indicaba que se habían resguardo de la fría noche en
algún lugar cerrado. Por último, le extrajeron todos los tapones, pero no
destaparon sus ojos.
- Cuéntanos todo lo
que sabes- dijo una voz. Hablaba en lengua kulmeh de una forma un tanto inquietante:
el acento estaba muy conseguido, pero el tono era extraño, casi amenazador.
Urh empezó a
temblar. No podía ver nada, pero sabía que estaba ante una numerosa audiencia.
Con sólo imaginar la magnanimidad de todos los presentes, se le desbordaban los
nervios.
Después de unos
instantes luchando contra sus temores, se aclaró la garganta y comenzó a
hablar.
- El cazador de
brujas ha movilizado a sus ayudantes habituales- consiguió decir con voz
temblorosa. Hizo una pausa, pero como no recibió ninguna indicación, prosiguió:
- Se trata de un grupo formado por cuatro personas, todos ellos expertos
cazadores de hombres. Su líder se llama Ravens lan Mathausen, conocido por el
diminutivo de su apellido, Math. Tiene entre cuarenta y cincuenta años, y una
dilatada experiencia militar. Nació en un suburbio de Kulm en el seno de una
familia pobre. De su juventud no se sabe nada, hasta que ingresó en el ejército
unionista: en sus filas, combatió a los kulmeh separatistas en Anzig, y a los
namirios en el valle del Niss. Durante el asedio de Kulm, una disputa con un
superior acabó con la muerte de éste. Acusado de traición, fue encarcelado y
condenado a muerte, pero en medio de la confusión en la que se sumió la ciudad
durante su saqueo, logró escapar. Luego empezó a trabajar como mercenario en
las provincias, hasta que fue reclutado por el cazador de brujas. Trabaja para
él desde hace cinco años.
La mano derecha de
Math es Bajrein lan Quds, otro kulmeh de unos cincuenta y cinco años originario
de Ganz, pero que pasó la mayor parte de su vida en Kulm, donde se ganaba la
vida como matón y extorsionador. Su carrera criminal terminó con la toma de
Kulm por parte de los separatistas: quedó herido de gravedad durante el saqueo
posterior, y cuando se recuperó, se vio forzado a abandonar una ciudad que
había cambiado demasiado para su gusto. En sus vagabundeos posteriores por las
provincias conoció a Math; ambos forjaron una estrecha amistad, y desde
entonces trabajan siempre juntos.
El tercero en unirse
a la banda fue Musba’in lan Samari, nacido en Damsk hace unos veinticinco o
treinta años. Es un mestizo, hijo de un aristócrata namirio y una criada
kulmeh, aunque como vástago de una relación ilegítima nunca llegó a conocer a
su padre. Desde su infancia fue violento y problemático: en cuanto pudo,
abandonó a su madre y se buscó la vida por su cuenta. Ha pasado varias veces
por la cárcel, tanto en su ciudad natal como en Anzig, Kulm y otros lugares,
casi siempre por delitos menores relacionados con robos y palizas. Estando en
prisión una vez más, el cazador de brujas pagó su rescate para liberarlo; al parecer,
buscaba a alguien con conocimientos de la lengua namiria para cierta
misión.
La última
incorporación es Lunder, una joven nesudia oriunda del gueto de Anzig. Por un
asunto relacionado con su honor, se convirtió en anatema entre los suyos, y
poco después fue expulsada de su comunidad. Las circunstancias la obligaron a
malvivir en una sociedad hostil y desconocida para ella, normalmente trabajando
de criada o vendiendo su cuerpo. Más tarde se unió a una compañía de
mercenarios, con los cuales aprendió a luchar y valerse por sí misma. Sin
embargo, en algún momento cayó en manos de unos bandidos; fue en esa situación
cuando Math la encontró y la reclutó, después de acabar con los hombres que la
tenían cautiva.
Aparte, un bárbaro
llamado Ezzad, de la tribu de los Midyan, suele acompañarlos. Lo único que he
podido averiguar de él es que por algún incidente fue desterrado, y ahora es un
paria, un bárbaro sin clan. Se encarga de las tareas de exploración y
reconocimiento, aparte de ser un temible guerrero.
Al terminar la
exposición, Urh respiró aliviado. Era una persona inteligente, instruido en las
principales ciencias y dotado de una portentosa memoria. Per aun así, sabía que
los nervios podían traicionarle, ya fuera olvidando detalles o quedándose
directamente en blanco. Pero sus temores no se confirmaron: lo había dicho
todo, y además con el orden y la claridad que esperaba. Estaba orgulloso,
porque había tenido la oportunidad de servir a sus amos y no la había
desaprovechado.
Oyó como murmuraban.
Sin duda, estaban intercambiando sus impresiones sobre lo que habían escuchado,
pero más allá de esta obviedad, no podía entender nada de lo que decían. A
medida que pasaban los segundos, su satisfacción inicial se iba convirtiendo en
preocupación… “¿Por qué no me dicen nada? ¿Habré hecho algo mal?” se preguntaba
una y otra vez en sus pensamientos. La insoportable agonía se vio interrumpida
de golpe:
- ¿Hasta qué punto
son buenos?
Era la misma voz que
antes. Y no parecía decepcionada.
- Si hay alguien capaz
de conseguirlo, son ellos. El cazador, con su aguda intuición, los llevará a su
objetivo. Y la banda de Math, con sus habilidades coordinadas de rastreo y
combate, concluirá el trabajo. Conocen el origen de todo, han identificado la
llave de la solución, y van a por ella. Están dando los pasos adecuados. Opino
que es sólo cuestión de tiempo.
Otra vez murmullos
de deliberaciones. Soportar de nuevo la tensión de la incógnita.
Pero la respuesta,
en esta ocasión, no se hizo esperar.
- Regresa a Stard y
prosigue con tu trabajo. Estate atento: pronto recibirás noticias nuestras.
Unos sonidos de
pasos llenaron la estancia. Al cabo de unos segundos, se hizo el silencio. La
reunión había terminado.
Mientras le volvían
a taponar las orejas y la nariz, una tímida sonrisa se dibujó en el rostro de
Urh. Sus amos estaban satisfechos con él, lo sabía. Y nada en el mundo podía
complacerle más.