Parte I. Capítulo 4.


Ellos



De camino a un lugar desconocido, Urh lan Orkan tenía todos sus sentidos anulados. Le habían vendado los ojos, para que no pudiera ver. Le habían introducido tapones en los oídos, para que no pudiera oír. Y lo mismo habían hecho con la nariz, para que no pudiera oler. Además, no era él quien andaba, sino que varias personas lo arrastraban sobre una plataforma. Con el saco sobre su cabeza y la capa que cubría todo su cuerpo, no notaba ni siquiera el aire del exterior. Estaba completamente aislado del mundo, dejándose llevar por unos seres que no conocía. Pero confiaba en ellos. Y los comprendía. Todas las precauciones eran pocas.

Al final del trayecto, lo sentaron en una silla y lo ataron a ella por las muñecas y los tobillos. Antes de que le sacaran la tela que cubría su cabeza y notara el aire fresco en sus mejillas, ya sabía que estaba en un espacio interior. Había empezado a sudar hacía poco, lo que indicaba que se habían resguardo de la fría noche en algún lugar cerrado. Por último, le extrajeron todos los tapones, pero no destaparon sus ojos.

- Cuéntanos todo lo que sabes- dijo una voz. Hablaba en lengua kulmeh de una forma un tanto inquietante: el acento estaba muy conseguido, pero el tono era extraño, casi amenazador.

Urh empezó a temblar. No podía ver nada, pero sabía que estaba ante una numerosa audiencia. Con sólo imaginar la magnanimidad de todos los presentes, se le desbordaban los nervios.

Después de unos instantes luchando contra sus temores, se aclaró la garganta y comenzó a hablar.

- El cazador de brujas ha movilizado a sus ayudantes habituales- consiguió decir con voz temblorosa. Hizo una pausa, pero como no recibió ninguna indicación, prosiguió: - Se trata de un grupo formado por cuatro personas, todos ellos expertos cazadores de hombres. Su líder se llama Ravens lan Mathausen, conocido por el diminutivo de su apellido, Math. Tiene entre cuarenta y cincuenta años, y una dilatada experiencia militar. Nació en un suburbio de Kulm en el seno de una familia pobre. De su juventud no se sabe nada, hasta que ingresó en el ejército unionista: en sus filas, combatió a los kulmeh separatistas en Anzig, y a los namirios en el valle del Niss. Durante el asedio de Kulm, una disputa con un superior acabó con la muerte de éste. Acusado de traición, fue encarcelado y condenado a muerte, pero en medio de la confusión en la que se sumió la ciudad durante su saqueo, logró escapar. Luego empezó a trabajar como mercenario en las provincias, hasta que fue reclutado por el cazador de brujas. Trabaja para él desde hace cinco años.

La mano derecha de Math es Bajrein lan Quds, otro kulmeh de unos cincuenta y cinco años originario de Ganz, pero que pasó la mayor parte de su vida en Kulm, donde se ganaba la vida como matón y extorsionador. Su carrera criminal terminó con la toma de Kulm por parte de los separatistas: quedó herido de gravedad durante el saqueo posterior, y cuando se recuperó, se vio forzado a abandonar una ciudad que había cambiado demasiado para su gusto. En sus vagabundeos posteriores por las provincias conoció a Math; ambos forjaron una estrecha amistad, y desde entonces trabajan siempre juntos.

El tercero en unirse a la banda fue Musba’in lan Samari, nacido en Damsk hace unos veinticinco o treinta años. Es un mestizo, hijo de un aristócrata namirio y una criada kulmeh, aunque como vástago de una relación ilegítima nunca llegó a conocer a su padre. Desde su infancia fue violento y problemático: en cuanto pudo, abandonó a su madre y se buscó la vida por su cuenta. Ha pasado varias veces por la cárcel, tanto en su ciudad natal como en Anzig, Kulm y otros lugares, casi siempre por delitos menores relacionados con robos y palizas. Estando en prisión una vez más, el cazador de brujas pagó su rescate para liberarlo; al parecer, buscaba a alguien con conocimientos de la lengua namiria para cierta misión.          

La última incorporación es Lunder, una joven nesudia oriunda del gueto de Anzig. Por un asunto relacionado con su honor, se convirtió en anatema entre los suyos, y poco después fue expulsada de su comunidad. Las circunstancias la obligaron a malvivir en una sociedad hostil y desconocida para ella, normalmente trabajando de criada o vendiendo su cuerpo. Más tarde se unió a una compañía de mercenarios, con los cuales aprendió a luchar y valerse por sí misma. Sin embargo, en algún momento cayó en manos de unos bandidos; fue en esa situación cuando Math la encontró y la reclutó, después de acabar con los hombres que la tenían cautiva.

Aparte, un bárbaro llamado Ezzad, de la tribu de los Midyan, suele acompañarlos. Lo único que he podido averiguar de él es que por algún incidente fue desterrado, y ahora es un paria, un bárbaro sin clan. Se encarga de las tareas de exploración y reconocimiento, aparte de ser un temible guerrero.

Al terminar la exposición, Urh respiró aliviado. Era una persona inteligente, instruido en las principales ciencias y dotado de una portentosa memoria. Per aun así, sabía que los nervios podían traicionarle, ya fuera olvidando detalles o quedándose directamente en blanco. Pero sus temores no se confirmaron: lo había dicho todo, y además con el orden y la claridad que esperaba. Estaba orgulloso, porque había tenido la oportunidad de servir a sus amos y no la había desaprovechado.

Oyó como murmuraban. Sin duda, estaban intercambiando sus impresiones sobre lo que habían escuchado, pero más allá de esta obviedad, no podía entender nada de lo que decían. A medida que pasaban los segundos, su satisfacción inicial se iba convirtiendo en preocupación… “¿Por qué no me dicen nada? ¿Habré hecho algo mal?” se preguntaba una y otra vez en sus pensamientos. La insoportable agonía se vio interrumpida de golpe:

- ¿Hasta qué punto son buenos?

Era la misma voz que antes. Y no parecía decepcionada.

- Si hay alguien capaz de conseguirlo, son ellos. El cazador, con su aguda intuición, los llevará a su objetivo. Y la banda de Math, con sus habilidades coordinadas de rastreo y combate, concluirá el trabajo. Conocen el origen de todo, han identificado la llave de la solución, y van a por ella. Están dando los pasos adecuados. Opino que es sólo cuestión de tiempo.

Otra vez murmullos de deliberaciones. Soportar de nuevo la tensión de la incógnita.

Pero la respuesta, en esta ocasión, no se hizo esperar.

- Regresa a Stard y prosigue con tu trabajo. Estate atento: pronto recibirás noticias nuestras.

Unos sonidos de pasos llenaron la estancia. Al cabo de unos segundos, se hizo el silencio. La reunión había terminado.

Mientras le volvían a taponar las orejas y la nariz, una tímida sonrisa se dibujó en el rostro de Urh. Sus amos estaban satisfechos con él, lo sabía. Y nada en el mundo podía complacerle más.